MEMORIA. Restauración y rehabilitación de los interiores del pabellón de San Leopoldo

La intervención en un edificio declarado Patrimonio de la Humanidad y obra del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner entraña siempre un delicado compromiso entre las necesidades de protección de los valores del edificio y las necesidades de uso de este, muy ligadas a su propia pervivencia (el uso como garantía de conservación).

En el caso que nos ocupa, se parte de un edificio muy afectado por modificaciones introducidas por el uso hospitalario a lo largo de casi un siglo, lo que ha comportado la desfiguración e, incluso, la pérdida de elementos originales de gran valor.

Una vez liberado el edificio del uso original debido al traslado al nuevo hospital, se habían ejecutado en fases anteriores el desmontaje de elementos añadidos (especialmente instalaciones, compartimentaciones y altillos intermedios) y la restauración de la envolvente (cubiertas y fachadas, pero no la carpintería). Así pues, todavía faltaban la restauración de las carpinterías exteriores y de los elementos interiores y la adaptación del edificio a los nuevos usos.

El proyecto plantea un conjunto de actuaciones encaminadas, por un lado, a recuperar y restaurar todos aquellos elementos originales que sea posible, sobre todo los espacios y los sistemas constructivos y estructurales originales, pero también aquellos revestimientos de ladrillo más significativos (uno de los elementos más afectados por las actuaciones anteriores). Por otro lado, las actuaciones buscan la adaptación del edificio a nuevos usos, compatibles con este, a pesar de que presenten unos requisitos muy diferentes de los hospitalarios de principios del siglo XX, tanto por la tipología del nuevo uso (administrativo) como por los requisitos del siglo XXI (de confort, normativos, de eficiencia energética, etc.).

Para el primer objetivo resulta básico el conocimiento exhaustivo del edificio, tanto su estado original y la historia de su evolución (cómo era) como su estado actual (cómo es y qué le ocurre). Este conocimiento permitirá tomar las decisiones técnicas más adecuadas a los requisitos actuales (qué se le pide). Para la adaptación a los nuevos usos es esencial no solo dar respuesta a las demandas actuales de confort y ajuste a las normativas, sino también hacerlo de manera respetuosa con el edificio y sus valores patrimoniales, de manera que el conocimiento exhaustivo antes mencionado se convierte en totalmente imprescindible.

A grandes rasgos, se proponía la restauración de todos los espacios interiores (recuperación de la volumetría, los cerramientos y los sistemas constructivos originales) y la restauración de los pocos elementos de acabado que se conservaban, restituyéndolos en los ámbitos más significativos: el vestíbulo principal, la “sala de día” y las bóvedas de los dos niveles de la nave central. La implantación del nuevo uso se proponía a través de nuevos cerramientos ejecutados en seco, con materiales como la madera, el cristal y el acero, y conformando geometrías que se adaptan a las necesidades de uso, que huyen de la seriación y la regularidad interna del edificio original pero no lo enmascaran, que permiten siempre una visión tal que facilita la aprehensión del espacio construido por Domènech i Montaner.

Tal como se planteaba ya desde el concurso con el lema “Sendero”, estos elementos nuevos conforman figuras sinuosas que recuerdan una senda en pleno bosque, con sus visiones diagonales y transparencias. Los elementos de madera, cristal y acero son, al mismo tiempo, cerramiento, estructura de un altillo y soporte de las nuevas instalaciones allí donde no se podían aprovechar los pasos originales previstos por el arquitecto modernista.

En la fachada se rehabilitaron las ventanas que pudieron recuperarse dado su gran valor arquitectónico, añadiendo cristales de cámara para dar un buen aislamiento térmico a la fachada. Las ventanas que estaban estropeadas se hicieron nuevas siguiendo la estética original pero añadiendo nuevos renvalsos interiores para equiparlas con dos sistemas de gomas aislantes y conseguir un alto aislamiento térmico. Las ventanas se lacaron por el exterior con el color original y por el interior se dejaron con lasur translúcido para así ver la veta de la madera tal como era en sus orígenes.

En la planta superior se motorizaron las lamas exteriores de la fachada sur para orientarlas en función de la incidencia solar.

Por último, cabe destacar el proceso de dirección de las obras que supone una intervención de estas características, con plazos de ejecución ajustados, con requisitos de no desviación de presupuestos, con la concurrencia simultánea de dos empresas constructoras para la ejecución de diferentes partes del proyecto (las instalaciones y la obra civil), con necesidades nuevas exigidas por la propiedad y, todo ello, en un edificio con el grado de protección que supone su declaración de Patrimonio de la Humanidad. Sin la continuidad del equipo pluridisciplinario que desarrolló el proyecto y siguió las obras, sin la complicidad de promotores y empresas constructoras, sin el esfuerzo y la profesionalidad de todos los agentes involucrados, no hubiera sido posible llevar a cabo la intervención con la calidad, el rigor y la autenticidad que el edificio reclama.

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